El ajo y las infecciones: alimento útil, pero no un antibiótico natural

El ajo es uno de los ingredientes más utilizados en la cocina y en las prácticas tradicionales de diferentes culturas. Con frecuencia se le presenta como “el antibiótico natural que arrasa con las infecciones”, pero esta afirmación exagera lo que realmente se conoce. Aunque contiene compuestos interesantes, comer ajo no equivale a recibir un antibiótico recetado.

Cuando un diente de ajo se corta o se tritura, se forman compuestos azufrados como la alicina. En estudios de laboratorio, algunas de estas sustancias han mostrado actividad frente a determinados microorganismos. Sin embargo, un resultado obtenido directamente sobre bacterias en un laboratorio no demuestra que comer ajo pueda alcanzar la concentración necesaria dentro del cuerpo para tratar una infección.

Los antibióticos son medicamentos evaluados mediante investigaciones para determinar qué bacterias combaten, qué cantidad debe utilizarse y durante cuánto tiempo. Además, no todas las enfermedades infecciosas necesitan antibióticos: los resfriados y la gripe, por ejemplo, son causados por virus.

Cómo incorporar el ajo en la alimentación

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El ajo puede emplearse para dar sabor a vegetales, sopas, legumbres, carnes y pescados. Una forma sencilla de consumirlo consiste en picarlo y añadirlo durante la preparación de las comidas. No es obligatorio ingerirlo crudo, en ayunas o mezclado con miel para aprovecharlo como alimento.

Cocinar con ajo puede ayudar a reducir el uso excesivo de sal y salsas procesadas. No obstante, debe formar parte de una alimentación variada que incluya frutas, vegetales, cereales integrales y fuentes adecuadas de proteína.

No se recomienda introducir dientes de ajo en los oídos, la nariz u otras partes del cuerpo para tratar infecciones. Tampoco debe colocarse ajo crudo directamente sobre la piel. El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral advierte que esta práctica puede provocar irritación intensa y quemaduras químicas.

Efectos secundarios y precauciones

Consumir cantidades culinarias de ajo suele ser seguro para la mayoría de las personas. En exceso, especialmente cuando está crudo, puede ocasionar acidez, dolor abdominal, gases, náuseas y olor fuerte en el aliento.

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